La Cofradía Militar que dobló al Presidente y quebrantó el sistema de justicia (Parte II)

«El militar no debe mezclarse en política y se le prohíbe pertenecer a asociaciones de carácter político y concurrir a actos de esta índole».

Por General Gallardo

Tomado de sinembargo

SEGUNDA PARTE

III. La Autolimitación moral de los militares/Doctrina

¿Qué valores se inculcan a los militares para formar las convicciones profundas acordes con los principios democráticos?

Los valores y convicciones se fundamentan en los principios doctrinales que se ofrecen a los militares en las escuelas de formación, en los cursos subsecuentes impartidos en las escuelas superiores y durante el transcurso del adiestramiento.

“El contenido de la Educación Militar bajo la perspectiva de la doctrina general mexicana, es el que asume el principio fundamental de que el máximo valor para el soldado es la Patria. La educación moral es esencialmente importante en la formación de los soldados, ya que es a través de ella que se provee de la fuerza espiritual para cumplir con sus deberes incluso hasta el sacrificio de la propia vida en aras del valor máximo tutelado. El Sistema Educativo Militar, constituye la estructura orgánica y funcional de la Secretaría de la Defensa Nacional, del Ejército permanente que permite proporcionar a sus integrantes los conocimientos, habilidades y destrezas que los capaciten para desempeñar eficientemente su función”.

1.– Misión de las Fuerzas Armadas

El cumplimiento de la misión de la Fuerza Armada, está estrechamente vinculada a los valores democráticos y al absoluto respeto a la Carta Fundamental del Estado en todas sus partes. Esta premisa es de suma importancia para definir el principio de autolimitación moral que, asimilado profundamente por el cuerpo militar, les obliga a rechazar cualquier pretensión anticonstitucional o pronunciamiento deliberativo.

La no deliberación militar, como obligación en todos los sistemas políticos democráticos, se refiere a la no deliberación política, es decir, los militares se deben de abstener, a examinar, discutir o resolver asuntos que estén fuera de su competencia; del mismo modo no deben opinar o resolver cuestiones que corresponden de manera exclusiva al poder político o a otro poder del Estado.

Refuerza esta idea el hecho de que normalmente así se dispone en los reglamentos de disciplina de las Fuerzas Armadas y en las circulares de los altos mandos. El militar no debe mezclarse en política y se le prohíbe pertenecer a asociaciones de carácter político y concurrir a actos de esta índole.

En la institución militar existen ámbitos muy definidos para elaborar las peticiones y un conducto regular para hacer reclamaciones. Es de la esencia de una institución jerarquizada la existencia del conducto regular. Se entiende por tal la serie de autoridades directas, jerárquicamente escalonadas, que forman el camino normal que deben seguir las reclamaciones en el sentido inverso y que es considerado como un medio de las funciones militares.

Nunca ocurrirá que no exista el instrumento de la reclamación que permite que la función militar se desarrolle de manera normal. Por lo tanto, el concepto del conducto regular da forma y cierra el círculo respecto de los principios ordenadores en el funcionamiento de las instituciones militares.

Lo militar es la condición de aquellos ciudadanos que, movidos por un ideal de solidaridad en su relación con la comunidad, se abocan a garantizar la defensa exterior, a salvaguardar las instituciones y a socorrerlas en caso de calamidad pública, aceptando reglas, vínculos, limitaciones y modos de ser del todo particulares.

En esta óptica, los valores de los militares pueden ser resumidos en tres: Patria, Disciplina, y Honor. La Patria como expresión de la colectividad nacional y de su bien supremo, en el cual se resumen los bienes e intereses de todos los ciudadanos particulares. La disciplina que garantiza el respeto de las normas indispensables para el grupo y sus individuos, para emplear legítima y productivamente las armas en el cumplimiento de las tareas que les han sido asignadas. El honor como conciencia radicada en la dignidad de soldado y la voluntad de mantenerla intacta en el respeto y la práctica permanente de los principios morales propios de la comunidad militar.

Doctrinariamente, la misión de las Fuerzas Armadas es la defensa exterior del país, el resguardo de la soberanía nacional y el mantenimiento de la integridad territorial, marítima y aérea. El cumplimiento de esta tarea debe seguir la orientación estratégica que emana del poder civil legítimamente constituido como Gobierno, que le señala cuáles son los intereses y metas que deben atender como instrumento militar del Estado: Los altos intereses patrios que determinan la dirección política en el exterior y en los asuntos internos, tales como la seguridad de todo el pueblo, la protección del Estado, la perpetuación de la forma de Gobierno, la preservación de la integridad territorial y la estabilidad del sistema económico-social.

El funcionamiento cotidiano de las Fuerzas Armadas, como cualquier otro servicio público del Estado, está contenido en una política sectorial llamada política militar. Ésta consiste en el conjunto de leyes, procedimientos y principios que rigen la organización, dimensión y funcionamiento de la fuerza militar y la forma cómo ésta se relaciona con el resto de la sociedad.

Un Ejército permanente y profesionalizado, con sus esquemas de movilización nacional y alistamiento para actuar en situaciones de conflicto, requiere de la existencia de un núcleo conductor central, responsable de dar sentido político estratégico a su accionar. Esa es la responsabilidad de conducción de los civiles, que deben señalar con claridad los objetivos nacionales y controlar y emplear los recursos del poder nacional para alcanzar los objetivos que el país se ha propuesto. Entre esos recursos que deben emplear y controlar, están las Fuerzas Armadas.

La política militar se planifica a largo plazo y se hace considerando las hipótesis de conflicto que el país prevé que pueden generar sus objetivos o los de algún país del entorno. Ello, más la evaluación de los recursos económicos con que se cuenta, determinan el perfil del tipo de Fuerzas Armadas que el país tendrá. Lo anterior, sin perjuicio de la doctrina militar imperante y de la pericia estratégica del mando militar. La tendencia actual es crear ejércitos pequeños, especializados, de gran movilidad y flexibilidad y con soldados profesionales. Esto último porque se invierte mucho tiempo en instrucción y hay que conservar el contingente el mayor periodo posible a fin de hacer eficiente el gasto público.

Las Fuerzas Armadas modernas han visto aumentar sus necesidades de logística y administración pues aumenta la cantidad y complejidad de los medios necesarios para poner un soldado en situación de combate. Los países se esfuerzan por despojar a sus Fuerzas Armadas de objetivos secundarios, que les son redundantes o para los que no están preparados y las concentran en lo que les es propio: garantizar la seguridad exterior.

Todos los ejércitos se parecen en su organización. Sus miembros presentan en todas partes enormes semejanzas de actitudes que los identifican como cuerpo y diferencian del resto de los ciudadanos. Por ello poseen fuertes elementos de identidad y cohesión al interior de su organización.

Este elemento corporativo lleva a que, en países donde predominan situaciones de inestabilidad institucional, los militares tiendan a buscar autonomía del poder civil y manifiesten un cierto desprecio por las instituciones políticas, a las que se consideran ligados de forma muy circunstancial. Cuando ello ocurre, es común que se produzca un discurso exacerbado sobre el valor de lo militar, apelando a variables como la nación y sus valores permanentes, para justificar un hecho impropio y ajeno a la función militar.

La eficiencia de las Fuerzas Armadas se mide en la disuasión de la guerra o en su eficiente desempeño cuando ella llega a producirse. Es verdad que, como cuerpo organizado y disciplinado, dispuesto a la acción y con valores de solidaridad y compromiso de desarrollo nacional, las Fuerzas Armadas son de gran valor cuando su país debe reaccionar rápidamente frente a una calamidad o un desastre. Pero eso no es lo esencial de ellas. Si un país ha decidido tener Fuerzas Armadas, las dimensiona para reaccionar frente a una amenaza o un conflicto armado, y es ahí donde se mide su nivel de preparación profesional.

2.– Actuación de las Fuerzas Armadas

El régimen institucional y de derecho como la actuación de las Fuerzas Armadas en México, se basan por mandato constitucional, en la primacía de la persona humana y en el respeto a sus derechos. Por tanto, esta prevención de autolimitación moral, impide al cuerpo armado como institución y a los militares en lo personal, cometer actos que socaven la dignidad de las personas o trastoquen el orden institucional.

3.– Doctrina militar

La doctrina en las Fuerzas Armadas instituye que, el instituto armado debe respeto al orden político determinado por la voluntad soberana del pueblo, y a todo cambio político social que dicha voluntad disponga de conformidad con los procedimientos democráticos establecidos en la Norma Suprema.

Esta aceptación del Ejército a todo cambio político o social que se dé por decisión del pueblo mexicano, es otro concepto que, debidamente asumido por el cuerpo castrense y por los militares en lo individual, constituirá un soporte fundamental para que México esté en posibilidad de proyectarse hacia un futuro democrático.

La doctrina militar, también establece la distinción entre Seguridad y Defensa Nacional. La seguridad comprende la noción de Defensa frente a las amenazas militares extranjeras, pero incluye el absoluto respeto de los derechos humanos y sociales, como una garantía del Estado mexicano a su población.

Así las cosas, la autolimitación moral de los militares en México está conformada en este tipo de educación, doctrina y adiestramiento que basada en principios y nutrida por convicciones, puede afirmarse que, cuando estos conceptos y valores hayan sido firmemente incorporados y asumidos por el cuerpo militar como plenamente suyos, vía educativa y doctrinal, las Fuerzas Armadas mexicanas habrán adoptado adecuadas convicciones democráticas basadas en una correcta autolimitación moral.

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