El virus y el miedo. Tercera parte

Por Carolina Verduzco Ríos

Una falsa disyuntiva: minimizar el problema para no asustar o exagerarlo para que la gente no se confíe
Consejos para el manejo individual del estrés, no atenúan el pánico colectivo

El papel que han jugado los medios de comunicación es muy diverso, algunos (los menos) con buenos contenidos y otros (los más) al contrario, pero el hecho de que todos los noticieros se hayan vuelto monotemáticos, hablando exclusivamente del coronavirus ha contribuido al pánico colectivo, cuando lo que urge instrumentar es una campaña contra el miedo, que no sea menor a la campaña explicativa de lo referente a la parte biológica de la epidemia.

Es de reconocer que ha habido programas con científicos que de forma muy didáctica nos han enseñado mucho de la estructura del nuevo virus, de lo que es una pandemia, de distintas epidemias que se registran en la historia y otros aspectos. También se les ha dado espacio a psicólogos y psiquiatras que dan muy buenos consejos para manejar individualmente el estrés, mejorar las relaciones interpersonales, realizar actividades sanas etc. Esto es muy importante y loable, pero el ambiente de pánico colectivo no se puede combatir si no se dan elementos concretos de análisis en los que se funde la tranquilidad de las personas que suponen que ellas o sus seres queridos tienen un pie al borde de la tumba, por padecer previamente varios factores de vulnerabilidad.

La información que se da día con día sobre el incremento de muertes, y el número de casos negativos, positivos, sospechosos, etc. es muy importante, pero son pocas las personas que pueden comprender el significado de esas cifras y concluir que, si bien es cierto que en México vamos a tener muchísimas víctimas fatales, producto de esta contingencia, lo que no es verdad es que estemos ante una situación insólita, en la que lo más probable es que la mayor parte de las familias van a tener víctimas mortales.

Las agresiones que se conocen en contra de los trabajadores de la salud, o contra las personas que están contagiadas, como ya se dijo en la primera parte, se explican por el pánico colectivo que urge desactivar. La tarea es difícil y sólo se puede lograr si en todos los medios de comunicación se atienden las dos posiciones extremas que tenemos en la población:

1.- La de los negacionistas que simplemente no hacen ningún caso a las medidas de higiene y sana distancia, quizá porque la desinformación que reciben es tan aterradora y abrumadora que los rebasa y por eso adquieren una actitud desafiante a las indicaciones de autocuidado. Se trata de una respuesta defensiva: prefieren simplemente no creer.

2.- La de los alarmados que no interpretan correctamente la información y que son víctimas de los desinformadores y no tienen suficientes elementos para procesar los distintos decires, no saben ni qué creer, pero se sienten terriblemente vulnerables.
Hay quienes suponen que es mejor que se alarme a la población aunque la alarma sea desproporcionada y que es preferible exagerar que minimizar el problema. Es una falsa disyuntiva. Solo la verdad expresada con toda claridad puede hacer cambiar tanto a los que no creen en el riesgo como a los que se ven a sí mismos como muy probables víctimas mortales del virus. Por eso urge hacer llegar por todos los medios la verdad en su justa dimensión.

Se requieren spots y otros géneros de comunicación que hagan hincapié en el significado de “portador asintomático” y en la posibilidad de que sin saberlo, las personas pueden transmitir el virus a otras. No olvidemos que hay muchas personas que no se preocupan mayormente por lo que les pueda pasar, pero son capaces de hacer por otras lo que no hacen por ellas mismas. “Si no te preocupas por ti, quizá lo puedas hacer por mí” podría ser un eslogan que se usara para pedir que se tomen las medidas de higiene y sana distancia.

El gobierno tiene todo para hacer una super campaña, la declaratoria de estado de emergencia que emitió le permite hacer uso intensivo de los medios radiofónicos y televisivos sin pagar por ello. Si los dueños de hospitales privados no se pudieron negar al acuerdo de dar atención gratuita, menos se podrían negar los concesionarios del espectro radioeléctrico.

El talento y la creatividad de profesionales en la producción de materiales ágiles, agradables, interesantes y eficaces está probada. Baste recordar por ejemplo el programa sabatino para niños, que también escuchábamos los adultos, producido por un equipo de Radio Educación, por no hablar de otros. Con otro estilo, hizo historia la transmisión de los programas “De puntitas” y muchos otros. Algunas de las personas que participaron en la creación de programas memorables siguen produciendo materiales excelentes, pero difusión escasa.

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